LA BESTIA SIN SU BELLA...Y SU INAGOTABLE SOLEDAD...
De entre los pocos placeres de la vida, de esas contadas sensaciones placenteras, de ese escapar de la rutinaria y monótona existencia de seguir viviendo, entre leer libros o escuchar buena música, quizás no haya mayor placer que el asistir en compañía de excelentes amigos a espectar una interesante película en uno de los tantos cines de esta citadina y calurosa ciudad de Lima y es entonces que la magia de ese séptimo arte que antaño y ahora sigue fascinando a millones de almas envuelven mis retinas en esa sucesión interminables de secuencias que Lumiere y Melius creara para el deleite de nuestra sensaciones, el cine, su magia, el sueño, es la antípoda de lo real, de ese real maravilloso del que miles de almas escapan constantemente, y es como la literatura el sueño ficticio de la interminable muerte de la esperanza, el ocaso del sol de la apabullante realidad por noventa minutos, y el envolvimiento grato de las neuronas en ese mar de fantasías, y más aún si esta vez como tantas otras ...